En un mundo de hombres

“El ser humano es el animal más inteligente de la Tierra y esa es una gran verdad. Lo que nunca se supo es quién dijo que el hombre era el más importante de esta especie. Aquel que lo dijo tuvo que ser un hombre importante y convincente.

Como animales, nuestra naturaleza biológica nos pide nacer, crecer, reproducirnos y morir. Como animales inteligentes, se nos pide pensar y mejorar este mundo. Y luego están esos seres humanos que ni son inteligentes, ni saben pensar y si lo hacen, empeoran lo poco que teníamos de bueno.”

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Recuerdo abrir los ojos y notar que yo no encajaba en esta sociedad. Desde el primer momento notaba que era totalmente diferente a todos aquellos que me rodeaban. Las miradas de todos desembocaban en mí cada vez que intentaba dar mi opinión o intentaba hacer alguna cosa. Con los años la cosa no mejoró, al contrario, seguía siendo el centro de atención a pesar de que había intentado camuflarme un poco mejor, pero era una cosa imposible. Así que sin más, decidí que ya que destacaba, no tenía por qué esconderme.

Empecé a soltar mi pelo, ese tipo de pelo que no es liso ni rozado, pero tampoco ondulado bonito. Lo llevaba cada vez más largo y el tono rojizo hacía que fuera aún más llamativo. Empecé a usar ropa un poco más ajustada, pero no ceñida, que resaltaba mi cintura y mis pechos. Caminaba sin miedo a que nadie se percatara de que era una mujer, aunque en aquel momento tampoco entendía lo que era eso.

Sus miradas eran cada vez más inquisidoras y menos disimuladas. Había un tono de odio que no se podía esconder bajo aquella sonrisa, si es que había alguien que intentara disimular.

Para ellos era inferior en todos los aspectos, pero se encontraban que hacía exactamente las mismas funciones que ellos, pensando igual que ellos y, en ocasiones, mejor. No había otra criatura como yo, hacía años que no existía nadie parecido a mí. No sé por qué me crearon, quizá solo fuera un error, pero estaba cumpliendo con mis obligaciones sin desviarme.

Pasaron tantos años hasta que se percataron que podía ser una más, que se perdieron que mis diferencias no eran un defecto. Pasaron tantos años hasta que llegué al Alto Consejo, que nadie pensó en todo lo que aportaba yo en aquella sociedad.

Pasaron tantos años sin querer entender el por qué de mi existencia, que no vieron que gracias a mí volvía a existir la humanidad. Allí, en un mundo de hombres donde la única mujer tuvo que demostrarles que ellos no necesitaban evolucionar más que yo para mejorar esta maldita sociedad.

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