Miranda

Con mi cara de sueño, como cada mañana, me monto en el metro de la línea 43, siempre a la misma hora y, sin dudarlo subo en el cuarto vagón, porque me siento más segura mirando las mismas caras todos los días.

Intento ir con mi propia música en el vagón, por intentar no dormirme y ponerme de mejor humor, aunque casi nunca logro sacar una sonrisa a esas horas tan tempranas. Odio madrugar y mucho más intentar combinar algo bonito que ponerme para sentarme en una silla durante todo el día. Abro el armario con ganas de ir cómoda, así que pocas veces se me verá con medias y jamás con tacones para coger el metro, me niego a correr con ellos.

Siempre son siete paradas desde que cojo el metro hasta que me bajo de él. Cinco canciones en total me deleitan el trayecto en el que se huele el café de la chica del fondo que casi siempre viste de blanco y negro, juraría que es oficinista y prefiere maquillarse que hacerse el desayuno.

blue haired woman facing metal fence
Photo by Luis Quintero on Pexels.com

Mi música melódica me hace relajarme entre tanta gente, siempre he odiado la multitud, odio que me miren, que se fijen en mí. No me gusta que la gente se me acerque y me asalte con una conversación cordial. Otra de las razones por las que llevo los cascos.

Siete paradas separan mi lugar de trabajo de mi casa. Siete, las mismas que cuando iba a la Universidad, nunca me ha gustado viajar demasiado y nunca me ha gustado estar lejos de casa.

Una chica anticuada en un mundo real en el que se vive a todo tren. Una chica tan tímida como precavida. Siempre con pasitos pequeños para no meter la pata. Ahí estoy yo en vagón, sintiendo que todos son más divertidos que yo, más atrevidos, más guapos y más confiados.

Observo las miradas del resto de pasajeros, mirando mi pelo. Ése que tinté con la intención de ser algo más atrevida, algo más risueña, algo más diferente a mí. Pero no, mi pelo es lo más llamativo que hay en mí.

Sigo mi viaje hasta la parada número siete, donde dejo el metro para ir a trabajar a la biblioteca, donde reina el silencio y nadie pronuncia mi nombre demasiado alto.

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