Escenario

Cogí aire y empecé a hablar. Siempre lo había odiado, no sabía cómo me había dejado convencer. Ahí me encontraba yo, con las piernas temblorosas y un calor asfixiante producto de mis nervios.

Odiaba leer en público e iba a comenzar a hacerlo en unos escasos minutos. “No te aceleres” pensé. Colorada como un pavo comencé a hablar. El silencio se hizo en toda la sala. No me volvería a dejar convencer, lo tenía bastante claro.

Notaba que me tranquilizaba y ya no sentía tanto calor, pero seguía tan incómoda como al inicio, como cuando leía en voz alta en clase, como cuando exponía los trabajos en la universidad.

Yo, tenía que ser yo y sin saber muy bien por qué. Pero antes de que fuera consciente de mi tranquilidad, era hora de dejar de hablar.

Bajé del escenario con una sonrisa, satisfecha de mi labor. Quizá entonces comprendí por qué me prestaba a ello, aunque volvía a preguntarme y sentir lo mismo en cada ocasión.

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