Arrasada

Caminaba por una ciudad en ruinas, arrasada por la temible guerra, en llamas y con polvo en el ambiente. Ahí estaba el resultado de la ambición de los grandes hombres, de los valientes y poderosos hombres.

Mi vestido se llenaba de sangre, polvo y ceniza a cada paso que daba. Los gritos de vítores del ejército contrastaban con las lágrimas y gritos de los heridos supervivientes. La alegría de ver acabada la guerra frente a la desolación de aquellos que lo habían perdido todo. Absolutamente todo.

Para los hombres que acababan de llegar a la capital aquella victoria suponía la paz, el fin del sufrimiento y la vuelta a casa con sus familias. ¿Qué era lo que le quedaba al pueblo arrasado? La codicia de los monarcas era la mayor ruina para los simples campesinos. La corona, un sacrificio para el que la portaba, la muerte para el pueblo.

Una cuidad vacía, sin vida, porque un rey quería ese castillo. Ese. No otro. ¿Por qué ese? ¿Por qué a ese coste? Siempre había un coste muy elevado en las guerras, pero los reyes debían asumirlo, porque era el precio por reinar, para ser el más poderoso de todos, por derecho de sangre, por obra divina y castigo mortal.

brown outdoor lamp beside gray stone pavement during nighttime
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Los reyes deseaan a medias ser amados por su pueblo. A medias, porque nunca les interesó su opinión, pero necesitan que no haya rebelión, porque la rebelión solo trae su propia muerte. Proclaman paz desde el balcón mientras los caídos siguen de cuerpo presente, mientras las madres lloran a sus hijos, a sus maridos. Mientras los niños lloran la muerte de sus padres y lloran todo el miedo que los aprisiona. Mientras los hombres lloran todo lo que no pudieron defender y todo lo que han perdido. Mientras quedan ausentes los lloros de las familias sin supervivientes.

Proclaman paz cuando han traído la guerra. Proclaman la paz como si antes de todo aquello no la hubiera. Proclaman ser mejores gobernantes. Proclaman valor. Proclaman victorias. Proclaman todo lo que les arrebató, se les devolverá, aunque esas palabras no están en su discurso.

Yo sigo caminando por las calles vacías, sucias, olvidadas nada más ser arrasadas, escuchando los sollozos, los gritos, la agonía. Sintiendo la muerte a cada paso, oliendo su podredumbre mientras el vino y la cerveza corre por la plaza mayor, brindando por el soberano que les ha traído la gloria a todos y cada uno de sus guerreros. Sigo caminando por la ciudad destruida, porque alguien debe llegar a palacio con la sensación de que este triunfo, en realidad es una guerra perdida.

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