Vida

Me he tatuado cada una de esas historias, de esas caricias, de esas angustias, de esas risas, sin tinta ni cicatrices en mi piel. Me he tatuado cada una de las aventuras, cariño, odio, gritos y carantoñas, dejando espacio a todas las que vendrán.

Me he tatuado cada palabra de despedida, de bienvenida, de confianza y de temor. Me he tatuado cada mirada, rostro, voz y acento que he tenido que oír y mirar.

El olvido solo dejará las más relevantes. El olvido solo dejará un eco de lo que aprendí.

Me he tatuado el primer aliento de vida que oí, también el último de cada uno que me abandonó. Me he tatuado cada lágrima de tristeza y de alegría. Me he tatuado ese apretón de manos, ese gracias que parece vacío y los que están llenos de agradecimiento.

Me he tatuado casi a fuego el dolor. Pero también me he tatuado más fuerte y duradero la satisfacción.

Me he tatuado los días malos y los días buenos. ¿Todavía queda hueco? Todavía queda hueco para años y años. Porque para esta droga no hay abstinencia que valga.

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